De Tamina a Plata Quemada
Primero que nada me declaro un mentiroso, no estoy leyendo el Péndulo de Foucault, sino que me cambié por algo más rápido y entretenido: “Plata Quemada” de Ricardo Piglia.
Hace mucho rato que no logro leer algo que me conmueva, que me deje con ganas de no acabar nunca, del disfrute constante, de historias complejas o simples que logren erizarme el alma, que me hagan respirar y vivir como propia una historia de papel, creo que la última historia realmente conmovedora fue “El libro de la risa y el olvido” de Kundera. La falta de expectativas, el excesivo desvío de la vida al dolor, la soledad y la capacidad de automarginarse, como Tamina, a veces más que Tamina...
“En ese momento una horrible repulsión se apoderó de Tamina, se levantó de la silla y corrió hacia el water y el estómago se le subía hasta la garganta, se agachó frente a la taza, vomitó, el cuerpo se le retorcía como si estuviese llorando y veía delante de sus ojos los huevos, el pito y los pelos de aquel muchacho y sentía el olor agrio de su boca, sentía el contacto de sus muslos en su trasero y se le pasó por la cabeza que ya no era capaz de acordarse del sexo y los pelos de su marido, que la memoria del asco es por lo tanto mayor que la memoria de la ternura (¡ay, Dios mío, sí, la memoria del asco es mayor que la memoria de la ternura!) y que en su cabeza no quedaría más que este pobre muchacho al que le huele la boca y vomitaba y se retorcía y vomitaba.”
Bueno todavía no logro encontrar algo que provoque algo parecido en mí, pero por el rato leo esta novela argentina que no está nada de mal.
“Plata Quemada” es un relato novelado acerca de un asalto y, obviamente unos asaltantes, que ocurrió en Buenos Aires y Montevideo en 1965. Pero no sólo los asaltantes forman parte de esta historia, políticos y policías son parte de la red que logra llevar a cabo el robo al banco. Hasta ahí todo dentro de lo que esperamos de estos grandes atracos, corrupción, políticos y policías sonriendo y persiguiendo a los delincuentes, pero en realidad son más peligrosos que lo propios rufianes, etc. la cosa se complica cuando lo ejecutores del asalto traicionan a quienes les entregan la información, dando paso a la persecución y la desenfrenada paranoia y resistencia de los protagonistas.
Piglia, tuvo acceso a los archivos del caso, a registros médicos, partes policiales, archivos de prensa etc. Desde ahí logró reconstruir la historia y los personajes utilizando la jerga del hampa de la época.
El relato es veloz como el mismo atraco, los personajes de la banda (el Nene Brignone, el Cuervo Mereles, Malito y el Gaucho) se presentan como elementos fuera de toda lógica racional, como habitantes de un mundo de despojos donde la droga, el sexo y la violencia se muestran como herramientas habituales de depredación. Un universo marginal y automarginado donde el más fuerte puede ser lo que no se quiere ser, donde la sexualidad puede ser lo que no parece.
Es heavy, pero la amoralidad resulta tan cautivante como la homosexualidad, si no me creen pregúntenle al Gaucho Rubio o al Nene Brignone, o traten de entender una relación donde sexo, patología, dependencia y simbiosis te sacuden como un terremoto.
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